domingo, 15 de diciembre de 2013

Eurovegas no vendrá a España

Este fue el video promocional de un proyecto disparatado, contrario a la legislación no sólo española sino también de la Unión Europea. Las exigencias eran tan exageradas como ridículas: incremento del volumen de edificación, modificación de la legislación laboral, reducción del rigor de la legislación anti-tabaco,....



El magnate norteamericano, Sheldon G. Adelson, a través de su empresa Las Vegas Sands Corporation había presentado un faraónico proyecto de inversión de 30.000 millones de dólares en una serie de Resorts Integrados de ocio que preveía casinos y 12 hoteles, con 36.000 habitaciones. La inversión inicial era cercana a los 6.000 millones de euros. Iba a contratar a casi 100.000 personas tanto en la construcción como en el sector servicios, con un plazo de ejecución previsto hasta el año 2016.

Lógicamente, la mayoría de Gobierno de la Corporación del consistorio del municipio de Alcorcón, lugar de instalación del futuro proyecto, era partidario del proyecto considerando el impacto positivo tanto en la actividad económica de la ciudad como en la reducción del porcentaje  de desempleo de la ciudad.

Dicho proyecto fue recibido con reparos con numerosas y autorizadas fuentes del sector madrileño de ocio. Por otra parte, la arrogancia de la empresa Las Vegas Sands produjo el rechazo político del resto del arco parlamentario madrileño. Este proyecto era percibido como la reedición del “pelotazo” urbanístico, esta vez en su vertiente ocio, acompañado de los efectos colaterales e indeseables de cualquier actividad del juego.

EL ÓRDAGO A LA GRANDE
En una extraña jugada que en términos de mus, podría entenderse como de órdago a la grande, la empresa Las Vegas Sands pretendió que el Ejecutivo español asumiera todas las pérdidas del proyecto en caso de que este fuera deficitario. Además, Las Vegas Sands quería recuperar toda la inversión realizada si cambiaban las condiciones del proyecto en mitad de su construcción. También solicitaba una compensación económica si el macrocomplejo de ocio y juego no podía llegar a buen término.  Estas condiciones exigidas por la empresa norteamericana han sido de última hora y sin precedentes en ninguno de los países en los que ya están asentados.

Estas pretensiones deben comprenderse dentro del concepto de aventura empresarial americana. La empresa ya tenía decidido no invertir en España. Ahora bien, la no realización de un proyecto tiene un coste en términos de fiabilidad empresarial. El mundo bursátil de Nueva York habría castigado a una empresa que renuncia a realizar un gran proyecto. Además, tampoco era de recibo dejar al descubierto a aquellos políticos que se habían comprometido con el magnate norteamericano. Por lo tanto, la compañía estadounidense planteó cuestiones y garantías absolutamente inaceptables para el ordenamiento jurídico español. Ambas partes se benefician de la denegación. El gobierno central español se apunta una imagen de firme defensor del ordenamiento jurídico español. La empresa despechada puede exhibir esa renuncia a sus pretensiones para justificar que no puede arriesgar en un escenario económico incierto.

REACCIONES DESDE LA MONCLOA
Fuentes del Palacio de la Moncloa se muestran convencidas de que el empresario ya ha elegido otro destino que podría estar en Oriente Medio. En los mentideros políticos, se vaticina que la empresa se ha decidido por Japón, siguiendo la estala de los Juegos Olímpicos.  Dicha versión no será confirmada hasta un tiempo prudencial para no incrementar el fiasco del intento de celebración de los Juegos Olímpicos en Madrid.

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